Quiero dedicar éste post a Almagra, a quien agradezco que me ayudase a recordar en su post Frase acertadísima el concepto de lo que hoy sigue significando para mí la Felicidad, un concepto que me resulta cada vez más sólido para definirla y que, en cierto modo, tenía olvidado. Gracias, Almagra.

Lo que escribo aquí es una recapitulación de lo que comentamos en su post, posiblemente con alguna que otra aportación más.

Hace algún tiempo, en alguno de los libros que leí de Jorge Bucay, leía su concepto de lo que podría ser la Felicidad, un concepto que hoy me sigue pareciendo bastante acertado y que continúa vigente. Decía más ó menos así:

"La felicidad es la sensación de saberse en el camino y dirección que nos dirige hacia donde queremos ir en ésta vida".

A lo largo de ese camino, nos podemos encontrar con todo tipo de situaciones, experiencias y sensaciones que, en apariencia, podrían ser signos de estar en el camino equivocado, por su carácter de displacenteras, sin embargo, cada día veo con mayor claridad que no es del todo así.

Como ya dije en otras ocasiones, ser feliz no singnifica estar siempre contento, frase que posteriormente también leí alguna vez en algún libro del Dr. Bucay.

Hablábamos también de todas esas pequeñas cosas que suceden y que nos hacen sentir bien, en apariencia, felices. No son sólo apariencia, son momentos verdaderamente felices, que podemos vivir intensamente, pero por sí sólos, no son para mí la Felicidad en sí misma.

En el lado opuesto, la ausencia temporal ó poca frecuencia de éstos momentos, situaciones ó experiencias agradables, tampoco suponen para mí la infelicidad. En general, tanto unas como otras, son situaciones efímeras que nos producen una sensación u otra: placentera ó displacentera. Por supuesto, todas ellas también cuentan y es bueno considerarlas, porque ahí estuvieron, las vivimos, fueron reales.

En ocasiones, podemos salirnos del camino ó perdernos en él, incluso sin darnos cuenta hasta que reparamos en ello. También puede suceder que haya situaciones que, de alguna manera, "nos fuercen" a salirnos por algún tiempo del camino ó nos desorienten y nos perdamos ó tengamos la sensación de estar perdidos. Por supuesto, también podemos descubrir que ese camino no conduce hacia donde pensábamos (nos podemos equivocar escogiendo), incluso podemos cambiar de opinión sobre lo que queríamos inicialmente. Todo ello es perfectamente válido.

Ahí está nuestra tarea de hacer lo posible por reorientarnos de nuevo cuando llegue un mejor momento y retomar el camino que llevávamos ó el nuevo camino que queramos llevar, aquel que nos dirige hacia donde queremos ir, recobrando así nuestra sensación de felicidad al volver a sabernos en camino.

Para orientarnos en la dirección deseada ó para reorientarnos cuando creemos ó sabemos que nos hemos perdido, el Dr. Bucay apuntó también algo que me parece muy importante a tener en cuenta (y que también olvidé):

1.- Conocer nuestro punto de partida, nuestra situación del momento (aquí hablamos entre otras cosas del autoconocimiento).

2.- Saber hacia dónde queremos ir, en general para todos, hacia aquello que da sentido a nuestras vidas, con independencia de lo que ésto sea para cada persona.

Conociendo esos dos puntos, podremos utilizar nuestros recursos, conocimientos y experiencia adquirida en etapas anteriores (nuestro equipaje más valioso y útil) para orientarnos y trazar un rumbo, como si de una brújula se tratase, y emprender el viaje con la certeza de que nos dirigimos hacia donde queremos ir, aunque no tengamos nuestro destino a la vista, y con independencia de lo que suceda a lo largo del camino. Sabremos entonces que estará en algún lugar, en esa dirección tomada, habiendo recuperado la sensación de lo que sin duda hoy sigue siendo para mí la Felicidad.