El Problema del caballo es un antiguo problema matemático en el que se pide que, teniendo una cuadrícula de n x n casillas y un caballo de ajedrez colocado en una posición cualquiera ( x, y ), el caballo pase por todas las casillas y una sola vez.
De nuevo un cambio de mesa en la oficina tras la última estructuración departamental, ésta vez motivada por malos rollos entre jefes.
Con nosotros, parece como si quiesen resolver el problema del caballo, de mesa en mesa, pasando por todas las de la sala, sin repetir la misma mesa dos veces. Ojalá fueran tan eficaces dándonos trabajo.
Ésta vez me tocó una mesa junto a una ventana, que al menos me permitirá ver lo que sucede fuera (normalmente mucho más interesante que lo que sucede dentro), aunque tampoco es mucho lo que puedo ver, pues da a un estrecho patio y las vistas se reducen a un muro blanco y un trocito de cielo del tamaño de una carpeta.
Me pregunto cuánto durará ésta situación, bastante surrealista e incómoda por cierto.
Animación: Wikipedia

Puffff, si que parece un tanto surrealista, pero no es más que un reflejo de esta realidad absurda que se ha instalado en la desquiciada sociedad en que vivimos.
Ánimo, Jesús, de vez en cuando mira al trocito de cielo y piensa que tus amigos también lo están compartiendo contigo, vuela por él con nosotros. ;)
Besos
Éso haré, Almagra. Gracias. Más besos para tí.
Pues yo le veo el culo a un ordenador... Quita, quita, que hasta el lunes estoy de vacaciones.
Bromas aparte, Jesús, es lamentable que los jefes resuelvan (es un decir) sus malos rollos mareando a la gente y haciendo cambios que a nada conducen. Seguro que hay asuntos más importantes que resolver que el Problema del caballo,
¿Te dejarían colocar alguna fotografía,algún paisaje?
Es fácil: se cabrean entre ellos, se disuelve un departamento porque uno dice que se va, nos recolocan donde creen que es mejor (paranoséquién) y nos cambian de mesa para estar ¿juntos? los compis de un mismo departamento, que a la primera bronca se reestructurará de nuevo, y así sucesivamente. ¡Son como niños, y muy consentidos!
La ventana la tengo a mi espalda, por éso el haiku que dejé en el blog de Almagra, y las fotos las pongo en el fondo de escritorio del ordenador. Me gusta de vez en cuando buscar alguna que me guste, recortarla y adaptarla a mi gusto (lleva un tiempo precioso al que dedicar) y después la fijo al fondo.
En fin, bien está al menos desahogarse un poco.
Un beso, Walden. Gracias.
pues...ánimo, no queda otra. te comprendo muy bien, créeme. al menos tienes un cachito de cielo para ti solo :)
un monton de besos
No me queda otra, 123, al menos por el momento.
Otro montón de besos para tí.
Ya sé que no es consuelo, lo sé, pero llevo dos días con una sanción por abandono de caracoles ¡¡¡ocurrido hace cinco años!!! ¿Como puede ir bien el mundo?
Ah! Qué caracola tan desnaturalizada, abondonar a sus hijos de esa manera!
No sabes cuánto te comprendo, Eric ;)
Sí lo sé, sí lo sé :D
¡Caracoles, no entiendo nada! :D pero aprovecho igualmente para saludarte, Eric. Un abrazo. ¿Todo va bien?
Si , Jesús; todo va bien si dejamos de lado estas pequeñas cosas que te hacen plantear si lo dejas todo para ponerte a plantar lechugas. Seria más lógico, ecológico, y antiestresante.
No te imaginas la de veces que me lo planteo, Eric, y si no lo he hecho aún es porque no se me ha presentado la oportunidad, que por otro lado intento favorecer para que suceda. Aún hay razones de suficiente peso que, al menos por algún tiempo más, me "obligan" a seguir donde estoy. Un día seré yo quien mueva el caballo, tal vez fuera de Madrid, puede que incluso fuera de España. No sé si plantaré lechugas precisamente, pero sí sé lo que no haré (mientras pueda evitarlo).
Un abrazo.